Criado en la selva de asfalto,
camina por calles interminables
y recorre rutas desconocidas,
el hambre no lo asusta,
la adrenalina lo llama,
el dolor ha sido su mejor padre,
la penumbra su mejor guía,
y nadie lo ha abrazado más fuerte,
que la soledad, su única compañía.
Por eso del hogar él no habla,
que si su madre existió o es una mentira,
que su padre lo abandonó,
eso no es mentira.
Aunque todo esto a él no le interesa,
lo único que le preocupa,
es poder llevar un poco de alimento,
a él, a su hermana y a unos cuantos más,
que duermen esta noche,
donde el único sueño es comer mañana,
dejar de sufrir
y no tener que seguir durmiendo,
en una fría y amarga... coladera.
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